¿De quién es tu web? Dominio, alojamiento y código
Es una de las situaciones más incómodas que existen: quieres cambiar de proveedor, o simplemente actualizar un teléfono, y resulta que no puedes entrar a tu propia web. No es raro ni es mala fe necesariamente; suele ser dejadez acumulada. Pero se arregla antes de que pase, no después.
Son tres cosas distintas
- El dominio: tu dirección, lo que la gente teclea. Se alquila cada año.
- El alojamiento: el servidor donde vive la web. Otra cuota, normalmente aparte.
- El código y los contenidos: la web en sí, los textos y las fotos.
Las tres pueden estar a nombre de personas diferentes, y ahí empiezan los problemas.
La prueba de los diez minutos
Pregúntate si tienes, tú y sin depender de nadie, el acceso al panel donde se renueva el dominio, el acceso al alojamiento y una copia de la web. Si a alguna respondes que no, tienes un cabo suelto.
El caso que más duele
El dominio a nombre de quien te hizo la web. Mientras haya buena relación no pasa nada; el día que quieras cambiar, o que esa persona desaparezca, tu dirección de toda la vida se queda en el aire. Recuperarla puede ser lento y a veces imposible.
Cómo dejarlo bien
El dominio, siempre a tu nombre o al de tu empresa, con tu correo como contacto. El alojamiento, en una cuenta tuya a la que das acceso a quien lo gestione. Y una copia del código y los contenidos guardada por ti. Que otro se encargue del trabajo no significa que tenga que ser el titular de nada.
Si ya estás en esa situación
Pídelo por escrito y con buenas formas: la mayoría lo entrega sin problema. Aprovecha para poner las renovaciones a tu nombre. Y guarda dónde está cada cosa en un sitio que puedas encontrar dentro de dos años.